miércoles, 31 de diciembre de 2014

UN DÍA EN REVOLUCIÓN



UN DÍA EN REVOLUCIÓN


"Cuando la dictadura se hace Ley, la revolución es un deber" 
Thomas Jefferson (1743-1826)


           Eran las 7:30am, me encontraba camino a la oficina. Antes de llegar, decidí pasar por el puesto de periódico (como cotidianamente lo hago) que se encuentra en la esquina de la cuadra de la oficina, saludo e inicio una conversación con la vendedora, ella me relata que en la ciudad no hay muchas oportunidades de empleo y que está pensando en cambiar de aires, no muy contento con el relato le digo, “En la vida existen muchos caminos para llegar al éxito, si uno de ellos no te funciona, no pierdas la esperanza, toma otro y verás que alcanzas tu meta”, seguimos nuestra conversación durante unos 15min, mientras tomábamos a sorbos un pequeño vaso de café, pues el dueño del negocio había conseguido comprar al asiático del supermercado, una pequeña cantidad de paquetes de café, ya que en esta ciudad esa es bebida de reyes. En el momento en que tocó despedirnos para continuar nuestras labores, sentí la presencia de alguien y un ligero rose en mi camisa, como me encontraba a un costado del kiosco, la chica no había podido percatarse del pequeño niño que se nos acercaba, él, muy gentil e inocentemente, nos pidió una colaboración para desayunar esa mañana, sus palabras tocaron nuestro corazón y realizamos nuestras donaciones, el chico nos dio las gracias y nos deseó la bendición de Dios, a lo cual mi acompañante respondió, “Dios te bendiga a ti tambien”. Nos quedamos mirando el dorsal del chico hasta que se perdió entre la multitud, y luego para romper el hielo que nos había causado, le dije a Elizabeth, “Debe de ser muy difícil pasar por esas circunstancias viviendo en esta ciudad”, en algún momento fue llamada la Gran Metrópolis, pero ya no somos más que el simple fantasma de aquella población. Vi mi reloj, faltaban menos de 5min para las 8:00am, se me había hecho tarde, tomé un periódico, cancelé y me despedí. Elizabeth aún seguía pensativa.

De llegada a la oficina me dispuse a realizar mi oficio. A la altura de las 10:30am, tome un receso de 15min para enterarme de los nuevos acontecimientos de la ciudad. Agarré el periódico y hojeé sus páginas buscando un artículo interesante, "que MARAVILLA" solo hubieron 23 muertos el fin de semana, por lo general la cifra supera los 30. Privan de libertad a camionero por no reducir la velocidad a medianoche en una alcabala, “ese tipo en verdad era un criminal”. En primera plana se encontraba un enunciado que brillaba por el exceso de ingenio, GUAO, el hombre en verdad que se merecía un Premio Nobel, mínimo criogenizaban su cerebro junto con el de Albert Einstein, su idea era tan alucinante, que a más de uno iba a dejar estrellado en la pared, una idea tan significativa como esa, no puede pertenecer a otro que no sea el Alcalde, y esta consistía en luchar contra el desabastecimiento, regalándole ropa a los ciudadanos. Después de haber leído ese decreto tan original, tuve que apartar mi vista del periódico y pensar en otras situaciones. Volvió a mi mente la imagen del chico alejándose hacia la muchedumbre, pensé en él unos minutos, él nos dijo que necesitaba dinero para comer, entonces su familia, si la tiene, debe de estar atravesando una crisis económica bastante fuerte, y por eso se le veían rasgos de desnutrición, también su vestimenta se encontraba un poco mal tratada, y a todas estas, dificulto que el chico viva en una digna morada, si la tiene.

Durante el descanso del medio día, tuve la necesidad de comprar comida, debido a que se me olvidó tomar la vianda que deje preparada en el micro-ondas. Al salir del edificio, inmediatamente me veo impactado por el alboroto en el cual me encuentro, la calle se encuentra abarrotada de personas, y el sol demostraba su exceso de ánimo para ayudar a mejorar el ambiente. Comienzo a caminar hacia la panadería que se encuentra a unas cuantas calles de la oficina, durante el camino logro ver como algunas mujeres se lanzaban desesperadamente de los buses, al enterarse de que estaban vendiendo café en el supermercado de la esquina, también escucho a otra mujer hablar por tlf y decirle a su amigo o amiga, que en el supermercado de unas cuadras más adelante estaban vendiendo papel higiénico, y para ser sincero, tenía bastante tiempo sin escuchar esa frase, hasta me dieron ganas de entrar en la cola. Echo un vistazo a la cantidad de colas por las que paso y lo único que alcanzo a ver y oír son los escándalos y muchas mujeres y hombres y ancianos y niños y gente y más gente, al final son 7 colas las que cuento durante las 4 calles de distancia que hay entre la panadería y la oficina y en cada una vendían distintos productos, poco comunes y de necesidad cotidiana.

Al entrar al negocio, me sitúo en frente de uno de los mostradores para ver qué estaban vendiendo, y cuál era su precio, enseguida recuerdo de donde vino mi idea de comenzar a llevarme la comida a la oficina, los precios estaban por lo cielos, hago mi pedido y me siento a esperar mi orden. Mientras espero, me pongo a meditar un poco sobre Elizabeth, en que estaría pensando cuando me retire del kiosco esta mañana, sus radiantes ojos verdes (esos luceros que iluminan su vida)  se encontraban un poco difusos, muy pocas veces la veo de esa manera, porque siempre tiene un pensamiento positivo y  un camino por el cual seguir, es una joven que no se rinde antes las adversidades, siempre se encuentra en una constante lucha por lo que ella cree y piensa que es su ideal a seguir, sus pensamientos son como la naturaleza, nunca se detienen, siempre van más y más adelante, cuando se enfrenta a una adversidad, se vuelve como las raíces de un árbol al encontrarse con el concreto, tal vez este hace que la raíz reduzca su velocidad de crecimiento, pero nunca logra detenerla, ésta siempre lo traspasa, por muy grueso que sea.

Al momento en que llega mi pedido, decido escribirle y preguntarle si ella llevó almuerzo, su respuesta no se hace esperar, me dice que efectivamente “sí” había llevado comida para almorzar, y yo como sentía deseos de verla en un lugar distinto al kiosco, planifiqué velozmente una salida al cine, y la llame para hacerle mi propuesta, ella me contesta soltando una carcajada y diciendo que con mucho gusto le encantaría salir conmigo. De regreso a la oficina, me dispuse a trabajar lo más rápido posible, para poder partir temprano hacia mi casa.

Son las 7:00pm y Fernando aún no llega, se suponía que debía estar acá hace 15min, “vamos a perder la función”, camino hacia la entrada del centro comercial para ver si logro visualizarlo, ya en las afueras del edificio, no logro verlo a él, pero sí observo una discusión entre un niño y lo que al parecer es su padre o representante, el señor se encontraba muy bien vestido, de traje y corbata, mientras que el chico no desprendía la misma elegancia, al acercarme un poco, logro percatarme que el joven que estaba protestando, era el mismo chico que nos frecuentó a Fernando y a mi ésta mañana, el hombre ya alterado, toma al chiquillo fuertemente por el brazo y le dice en voz alta, “¿por qué gastaste el dinero?” y el niño le responde, “tenía hambre y en la casa no hay que comer”, el sujeto lo arroja hacia el suelo y le grita que es un malagradecido, que él trabaja y trabaja para que no le falte nada y lo único que se gana son sus reproches, es más, no te quiero ver más en mi casa, esta noche mismo ve a buscar tus cosas y lárgate, "pero esa es mi casa", le contesta el muchacho, y el señor se gira y le suelta una cachetada y le dice “sí, tu casa” luego toma camino y la respuesta del chiquillo fue llorar. Esperé a que el hombre estuviera lejos, saqué un pañuelo y un papel de mi cartera, y escribí una nota y fui a entregarsela, lo ayude a levantarse y le seque sus lagrimas, no conforme con eso le di dinero. Luego me retiré a esperar a Fernando.

Eran ya las 7:20pm cuando Fernando llegó, la función comenzaba en pocos minutos y no tenía tiempo de reclamarle, porque teníamos que comprar los boletos y con lo aparatosa que había sido mí espera, tampoco tenía ganas de decirle nada. Compradas las entradas junto con las bebidas, palomitas y chocolates nos dispusimos a ver nuestra película.

“Qué suerte la mía”, no sé para qué vine a este mundo. Dios bendiga a esa mujer que se me acercó hace unos momentos, me parece haberla visto antes, esos ojos son muy llamativos, tal vez se perezcan a los que alguna vez tuvo mi madre, pero ni eso lo recuerdo con exactitud, ¿Acaso vería la discusión? Me duele el estómago, me acaban de hurtar mi hogar y no tengo hacia donde ir y mucho menos donde pasar la noche, tengo que buscar como arrebatarle mi casa, pero si me acerco a ella seguro me mata. ¿Qué dirá esta nota? “Urb. Villas del Éxito, calle 4, casa 6”.